Vista durante la Misa de Entronización

Mensaje al Asumir del P. Juan Manuel Sayago

Quisiera partir agradeciendo la presencia de tantos amigos que Dios me fue regalando por los diversos caminos que he recorrido: desde mi hogar en San Joaquín, del Colegio Chile en San Miguel, el grupo Scouts Mundo Ideal, del emblemático Liceo de Aplicación, de la universidad de Concepción y del tiempo vivido allá, luego de la amigos y compañeros de la facultad de Derecho de la Universidad Católica, del voluntariado universitario del Hogar de Cristo y de mi comunidad de CVX, luego de mi paso por el noviciado de la Compañía de Jesús, por mis compañeros y formadores del Seminario Pontificio Mayor de Santiago, por mis hermanos sacerdotes diocesanos y religiosos y de mi comunidad sacerdotal que hoy me acompañan, por la presencia de mis amigos y compañeros de la escuela de Psicología, de la pastoral y funcionarios de la Universidad Católica donde estudio y sirvo como capellán.

Agradezco también la presencia de personas a las cuales quiero mucho y que conocí por mi labor pastoral en las parroquias de la Natividad del Señor en la Reina, Cristo de Emaús en lo Prado, Sagrado Corazón de Jesús en Lo Espejo, en Santa María del Sur en Pudahuel, y luego ya como sacerdote en la parroquia Santa Cruz de Mayo en la Florida, en Cristo Resucitado en Maipú, en Santa Rosa de Lo Barnechea, en San Antonio de Padua en San Ramón y de la parroquia Jesús Señor de la Vida en La Bandera en la cual viví este ultimo año.

Y a mis amigos y familia de toda la vida.

Agradezco al padre Carlos Risopatron, a mi vicario el padre Marek Burzawa, y a mi padre obispo don Ricardo, por el gesto de confianza y cariño de encomendarme esta nueva misión.

Y no puedo dejar de agradecer a mi papá, del cual siempre he sabido que me ha acompañado desde hace 16 años de su partida, y a mi mama, que hoy volvemos a estar juntos como madre e hijo. Gracias mama, yo soy lo que soy gracias a ti.

Y bueno, ahora estoy aquí.

Hace algunos años atrás escuché de un anciano sacerdote en la celebración de sus 50 años el compartir su vida, éxitos y fracasos, experiencias y pensamientos, terminar con aquella frase de San Pablo: se en quien en puesto mi confianza. Ello me impacto profundamente, ya que estaba en mis primeros años de seminario y me dije: quisiera vivir así. Poner toda mi confianza en Dios y hacer de mi vida una entrega a manos llenas, no fundado en mi sino en El.

Si me preguntaran con que sueña mi corazón de pastor simplemente diría: hacer extraordinario lo ordinario, hacer bien lo que tengo que tengo que hacer. Celebrar la misa con convicción, confesar con ternura, orar con mi gente, escucharlos, conocerlos, quererlos, caminar con ellos. Simplemente estar. Que me vean y que me reconozcan. Ser en definitiva solo un buen cura.

Recen por mi, no me dejen solo. Para mi el sacerdocio siempre esta en clave de otros: sino les sirvo, no sirvo.

Finalmente quiero agradecerte a ti Señor que haz visto en mi algo bueno y que sirva, se que tu muchas veces no elijes a los mejores y que mejoras a los que elijes. Yo nunca he sido he sido de los mas sobresalientes, pero estoy dispuesto a que hagas de mi alguien que pueda servirlos a ellos tal como tu lo harías. No quiero que me vean a mi, sino a ti. Quiero ser un puente entre tu y ellos. Que me utilicen, que me gaste, que sirva. Y así poder decir como aquel siervo bueno y fiel: solo he hecho lo que tenia que hacer.

Me encomiendo a la madre que tu nos diste, para que ella me aconseje y acompañe siempre: Santa María, madre de Dios.

Santiago, primero de marzo de dos mil quince.